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El Cajón del Maipo en la historia

Durante la época colonial el Cajón del Maipo era un mundo nómade, de pirquineros errantes en busca de vetas de plata, y de yerbateros que recorrían los cajones y quebradas para recoger plantas medicinales.

* En la Colonia

Durante la época colonial, el Cajón del Maipo fue una zona en la que pululaban los pirquineros en busca de metales preciosos, los yerbateros que examinaban la flora del valle y los montes para obtener infusiones y medicinas naturales, los huaqueros afanados tras algún ajuar incásico enterrado con piezas de oro y plata. También los baqueanos que escoltaban a viajeros que, por una u otra razón, cruzaban la montaña, y los arrieros que llevaban sus animales a los pastos siempre verdes de las vegas andinas.

Para llegar allí desde Santiago, se empalmaba con el Camino de Ñuñoa (actual Avenida Irarrázaval) hasta Puente Alto. Los pasos andinos de Las Pircas y Los Piuquenes fueron de uso frecuente en este período, pues —además de los arrieros— transitaban por ellos contrabandistas de la frontera. Entre los campesinos circulaban leyendas sobre los solitarios “hombres de las tierras altas”, que allá arriba soportaban ventiscas y nevadas, que debían vérselas con los pumas y que conocían los nidos de los cóndores. Gente, sin duda, de un mundo diferente al del valle.

En aquella época lo que más atraía del Cajón del Maipo eran sus minas de plata, siendo San Pedro de Nolasco la más renombrada. Se decía que las mejores de Chile estaban en esta latitud, lo que motivó incluso la llegada de aventureros de otros países.

La presencia del irlandés Ambrosio O’Higgins en el Virreinato del Perú significó una transformación para esta peculiar zona. Relevante actor del siglo XVIII, el gobernador y capitán general del Reino de Chile dictó medidas para incentivar la minería. El 16 de julio de 1792 fundó la villa de San José de Maipo, primer asentamiento histórico del Cajón del Maipo, con el deseo de que este enclave andino, con sus riquezas ocultas de plata, fuese una ayuda para España, que necesitaba los metales finos de América para luchar por su supremacía ante otras potencias europeas.

Era necesario crear un polo urbano para organizar la producción local de plata, pues ésta ya atraía a mineros que se instalaban sin ningún orden, y que moraban al interior del mineral de San Pedro en condiciones muy precarias. La villa fue establecida a sólo 25 kilómetros del mineral, para dar acogida a los trabajadores en un punto significativo donde confluían dos ríos. Este emplazamiento debió complacer mucho a O’Higgins por su clima, su verdor y la presencia de piedras, rasgos similares a los de su Irlanda natal.

Gran interesado en las comunicaciones trasandinas, el gobernador inició también la construcción de refugios en el valle del Yeso, y de puentes en el río Colorado y Vizcachas. Cuatro años después de su acción en el Maipo, la Corona lo nombró Virrey del Perú, con lo que terminó su permanencia en Chile. Se le confirió el título de Marqués de Osorno.

En el sector El Toyo destaca una gran casa de adobe que la tradición popular atribuye a la residencia del gobernador. Aunque no lo es, constituye un valor de interés patrimonial visible desde el camino, y un homenaje al emprendedor irlandés que intuyó las potencialidades productivas de este valle precordillerano.

La traza de San Jose

Fue Antonio Martínez de Matta —el gran apoyo técnico de Ambrosio O’Higgins— quien firmó los planos de San José de Maipo. La villa fue levantada en un llano no muy ancho, entre los cerros, los ríos Maipo y Colorado, y el estero Cabeza de Ternera (actual San Alfonso). Martínez de Matta modificó la cuadrícula clásica colonial, creando una planta rectangular, paralela al río Maipo, con cuatro calles de este a oeste y nueve de norte a sur, sumando así 27 manzanas.

El acta de fundación firmada por el gobernador O’Higgins ordenó el trazado de plaza, calles, iglesia, ayuntamiento y cárcel, así como la repartición de sitios y solares a quienes los solicitaran. En el entorno de la plaza se construyeron, como es tradición, los edificios de mayor relevancia (iglesia, casa parroquial, casa consistorial, aduana y escuela mixta, varios de ellos hoy monumentos nacionales), que dieron forma a un centro histórico de tres manzanas de ancho por nueve de largo.

* El paso de los patriotas

Los pasos cordilleranos del Cajón del Maipo fueron muy importantes durante el proceso de Independencia. En los días de la Patria Vieja, fue Manuel Rodríguez quien los utilizó, especialmente Las Pircas —que habría sido el mítico “Paso del Fraile”— y Los Piuquenes. Por este último atravesó la cordillera en su célebre aventura del cepo, cuando, perseguido por los realistas, simuló estar ebrio e hizo que un policía lo pusiera en el cepo, para así pasar desapercibido.

Otro acontecimiento del período fue el paso de una columna del Ejército Libertador, compuesta por 55 hombres y a cargo del capitán José León Lemos, por el Portillo de Piuquenes, lo que fue una maniobra distractiva que ayudó a derrotar a las fuerzas realistas que estaban vivaqueando en San Gabriel. El lugar había sido bien escogido: San Gabriel está junto al Maipo y cerca de su confluencia con el río Yeso, por lo que era desde siempre un punto de control estratégico.

Por Los Piuquenes regresó a Argentina el general José de San Martín una vez terminadas las batallas de la Independencia, en el viaje que puso fin a su trayectoria militar.

La visita de Charles Darwin y otros viajeros

La travesía por América del naturalista Charles Darwin fue la experiencia clave que le permitió elaborar su teoría sobre la evolución de las especies. Entre 1832 y 1835 recorrió diversas zonas de Chile. El espectáculo de un terremoto en Concepción y el hallazgo de fósiles marinos en las alturas andinas le causaron una enorme impresión.

En su diario incluye su relato del viaje que hizo desde Santiago hacia el Cajón del Maipo, para cruzar la cordillera por el paso Piuquenes. Sorprenden sus habilidades de cronista: “El valle, en el punto donde se interna por la primera Cordillera, está flanqueado por ambos lados por grandes montañas desnudas. Aunque no es ancho, es muy fértil. Numerosas casas están rodeadas de villas y por plantaciones de manzanos, nectarines y duraznos. Las ramas se caían con el peso de la hermosa fruta madura. Al atardecer pasamos la Aduana, donde se examinó nuestro equipaje”. Le causó una buena impresión el rigor con que los empleados cumplían sus labores, y también la gentileza con que lo trataron después de que exhibiera un salvoconducto firmado por el propio Presidente de la República, Joaquín Prieto, en el que se lo autorizaba para investigar.

* El ferrocarril del Maipo

A fines del siglo XIX se dio un paso decisivo para concluir con el aislamiento del Cajón del Maipo, factor que dificultaba su total desarrollo. Desde hacía un tiempo se pensaba en conectar la zona con Santiago a través de un ferrocarril, proyecto que ya había sido planteado en el libro A través de los Andes, de Benjamín Vicuña Mackenna, quien fue uno de los primeros en plantear la necesidad de una vía férrea, con una primera etapa que debía llegar hasta Las Juntas, cerca de El Volcán, como efectivamente se hizo más tarde.

Varios ingenieros, como Alberto Lira Orrego, Domingo Víctor Santa María, Omer Huet y Boleslao Kulczewski, además del general Jorge Boonen Rivera, desarrollaron estudios para construir el ferrocarril. Pero el hombre decisivo fue Alberto Mackenna Subercaseaux, sobrino de Benjamín, ex alcalde de Santiago y socio de la mina de cobre Las Merceditas, por entonces la más grande del sector. Minero, agricultor y filántropo, Mackenna Subercaseaux ejerció gran influencia en los destinos del Cajón del Maipo, hasta su muerte en 1952. En ocasión del Centenario de Chile, en 1910, dio a conocer los beneficios que presentaría el ferrocarril que uniría Puente Alto con el Volcán.

Sería el italiano Félix Corte, cónsul en Valparaíso y autor de varios tendidos férreos a lo largo del país (como el Canal Allipén, que benefició 25 mil hectáreas en el sur), quien tendría el mérito de llevar a término esta obra.

El recorrido de 60 kilómetros tuvo nueve estaciones. La construcción, que costó nada menos que la suma de $ 2.335.630 pesos de oro, fue una proeza de la ingeniería por lo rocoso y escarpado del territorio. Destacan especialmente el largo puente sobre el río Colorado, hermosa obra de arcos de medio punto en mampostería de ladrillo, y el túnel Tinoco con sus 600 metros tallados en la roca, otro monumento nacional.

Entre 1896 y 1910 se construyeron los primeros 12 kilómetros, de Puente Alto hasta El Canelo. El tramo inicial a El Canelo, en el kilómetro 13, se inauguró en 1910. Al año siguiente se sumó El Melocotón, kilómetro 35, y, en 1914, El Volcán en el kilómetro 60. La administración fue encargada al Batallón Ferrocarrilero del Ejército, por su rol estratégico en un eventual conflicto con Argentina. La maestranza se instaló en Puente Alto.

El pintoresco tren, de estilo europeo y trocha angosta —60 centímetros de ancho—, subía la montaña a 25 kilómetros por hora, cargado de equipos y vituallas3. En su descenso volvía con minerales de las minas que, gracias a su presencia, se habían reactivado tras haber sido abandonadas por años.

Según el historiador Leopoldo Castedo, el mejor panorama de Santiago consistía en comprar unas vituallas y convertirse en pasajero desde la Plaza Italia a Puente Alto, y de ahí subir a El Volcán, cómodamente sentado y gozando de uno de los paisajes más maravillosos del mundo: el ingreso a la Cordillera de los Andes. Locomotoras alemanas, pequeñas y de marca Koppel, avanzaban delante del convoy sosteniendo la tracción de los pesados vagones de carga, y de los angostos de madera —de 1a y 3a clase— donde iban los pasajeros. En ocasiones, por lo abrupto de las pendientes, una locomotora iba detrás, empujando sin estar enganchada. Para los pasajeros frecuentes el tren era una gran solución, porque apenas un carruaje diario, y más tarde una micro al día, eran la alternativa para transportarse.

Por varias décadas el llamado Ferrocarril Militar sostuvo su operación mediante el uso que le daba la minería, y mantuvo así su encanto entre los usuarios, pero comenzó a ser desplazado por buses y automóviles a lo largo del siglo. En 1980 corría en forma parcial. En 1985 se levantó el tendido casi por completo. Varios equipos y piezas fueron conservados, entre ellos un coche de pasajeros que fue instalado, con sus colores originales, en la plaza de San Jose

El pintoresco Ferrocarril Militar fue declarado monumento histórico el año 1991, así como todas sus estaciones y otras construcciones del sistema. La estación más importante es la de San José de Maipo, reciclada como Biblioteca Municipal y Salón Cultural.

* 1958: El terremoto “presidencial”

Tres terremotos en sólo seis minutos estremecieron las tierras del Cajón del Maipo el 4 de septiembre de 1958, el mismo día en que se estaba eligiendo al nuevo presidente de Chile. Minutos antes de las seis de la tarde Las Melosas, San Alfonso, San Gabriel, Los Queltehues y El Volcán fueron remecidos por un violento sismo repartido en tres sacudones, y que marcó una intensidad de 7 grados en la escala de Richter.

Los vocales de mesa, en ese momento, estaban con los votos abiertos sobre las mesas de los locales de votación, e iban “cantando” las marcas que favorecían a Luis Bossay, Eduardo Frei, Salvador Allende, Jorge Alessandri o Antonio Zamorano.

Afortunadamente los tres terremotos — ocurridos a las 17:51, 17:52 y 17:57— no llegaron sin aviso, pues en las semanas anteriores una seguidilla de temblores había provocado derrumbes en El Volcán, destrozando incluso el refugio de Carabineros en Las Melosas y parte de la infraestructura de dos plantas hidroeléctricas. Todo ello había impulsado la evacuación de los lugareños, por lo que no estaban en sus casas.

El epicentro tuvo lugar en la confluencia de los ríos Maipo y Volcán. Por desgracia, las lluvias primaverales y la nieve caída habían ablandado los cerros, de modo que se produjeron muchos derrumbes que dejaron cuatro muertos y cuatrocientos damnificados. Si las hidroeléctricas de Los Queltehues y El Volcán ya estaban en mal estado debido a los temblores, el terremoto del 4 de septiembre agravó los daños, pues afectó también a la hidroeléctrica Maitenes. Esto trajo como consecuencia un desabastecimiento eléctrico en toda la capital, en medio del tenso momento político electoral.

El acueducto de Laguna Negra también sufrió daños por los derrumbes en un tramo de 25 kilómetros, con lo que la mayoría de los santiaguinos quedó, además, sin acceso a agua potable.

El camino que une San Alfonso con San Gabriel resultó dividido por las rocas caídas de los cerros, y sólo con helicópteros de la Fuerza Aérea y camiones del Ejército se pudo ir al rescate de los damnificados.

En el Cajón del Maipo los mayores daños los sufrió la mina Merceditas, y su planta de flotación de cobre debió paralizar las faenas. Los mineros regresaron tres o cuatro meses después, con la esperanza de retomar el trabajo. Esto se logró por un par de años, gracias a un crédito otorgado por la Empresa Nacional de Minería (ENAMI), pero a principios de los años 60 las vetas de la mina perdieron ancho y, finalmente, ésta cerró.

Con este terremoto terminó una rica historia de familias que forjaron su existencia en torno a las minas del lugar: para ellas,1958 marcaba el fin de una época de esplendor y el comienzo de la condición de “pueblo fantasma” de El Volcán.

* La tragedia aérea de 1965

Otro episodio trágico que marcó la historia del Cajón del Maipo fue el accidente aéreo del 6 de febrero de 1965. Poco después de las 8 de la mañana despegaba en Los Cerrillos el avión DC-6B-404 —vuelo 107— con destino a Montevideo, vía Buenos Aires. No alcanzó a pasar media hora cuando, por motivos que hasta hoy se desconocen, el piloto Mario Bustamante equivocó el camino del vuelo. Este error costó 88 vidas. El vuelo 107 se estrelló cerca de las 8:30 en el cerro Catedral, en el sector de Lo Valdés.

Jorge Gómez, miembro del Cuerpo de Bomberos de Quilicura, fue el primer hombre en llegar al sitio. “La primera impresión fue muy violenta. Era una verdadera carnicería. No había nada, sólo papeles volando. Los cuerpos estaban repartidos”, dijo Gómez en una entrevista, evocando el silencio sobrecogedor que había en el lugar.

Entre las víctimas había chilenos, argentinos, peruanos, uruguayos, estadounidenses, italianos, alemanes, soviéticos y checos. El presidente Eduardo Frei Montalva asistió al funeral encabezado por el Cardenal Arzobispo de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez.

Esta tragedia aérea ocurrida en el Cajón del Maipo motivó una reformulación de las condiciones de trabajo en la aviación chilena, y también de los instructivos para Carabineros de Chile en cuanto al control de los excursionistas y andinistas que se internan en los cerros de la zona.

* Atentado contra el general Augusto Pinochet

Un angosto camino vehicular de montaña era paso obligado para el general Augusto Pinochet en sus idas y venidas entre Santiago y la casa que poseía en el Cajón del Maipo, ubicada cerca de El Melocotón. En la cuesta Las Achupallas, no lejos de la capital —hacia donde se dirigía en un auto blindado—, lo emboscó un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en septiembre de 1986, con la intención de matarlo. Cierto punto donde el camino pasa entre un barranco y el cerro en que se parapetaron los atacantes fue el lugar cuidadosamente elegido, pero el intento fracasó. A resultas del fuego cruzado fallecieron cinco escoltas del militar. Un monumento conmemora a los caídos en el suceso.

* El aluvión de 1987

Naturaleza contra naturaleza. Antes de 1987, el sector de Alfalfal era un verdadero imán para quienes buscaban un momento de relajo al aire libre. Metros más arriba de Confluencia, en un lugar donde se unían el río Olivares y el Colorado, se encontraban los baños termales de Salinillas. Las aguas temperadas de este lugar tenían una dosis de radioactividad natural perfecta para los excursionistas. Quienes tuvieron la oportunidad de bañarse en esas termas las describen como un verde oasis en medio de las montañas. Salinillas se rodeaba de un bosque frondoso y altos cerros que no permitían la entrada del viento. A su lado se veía pasar con fuerza las frías aguas del Colorado.

Para llegar a las tibias aguas medicinales se debía atravesar un grandioso cañón de rocas y cascadas a lomo de mula, a caballo o a pie. Hasta que el 29 de noviembre de 1987 se desprendió un pedazo de cerro que impactó el valle en los orígenes del estero Parraguirre, afluente del río Colorado, y en el pie del glaciar, provocando así un aluvión. Las rocas y desechos fueron trasladados por la fuerte corriente del Colorado hasta el río Maipo, llegando incluso hasta San Antonio. En su paso, el aluvión se llevó más de treinta vidas.

Un campamento del proyecto de la Central Hidroeléctrica Alfalfal fue destruido. Las pérdidas económicas se estimaron en US$ 30 millones (en moneda actual).

Donde existían los baños de Salinillas sólo se ven hoy unos olivillos cubiertos de polvo. Ocultos quedaron los recordados manantiales. Fue una pérdida notable para las familias que acostumbraban pasar ahí sus veraneos.

Cultura y pueblos del Cajón del Maipo

Miles de años antes de la llegada al Cajón del Maipo de los conquistadores incásicos o españoles, ya había en la zona moradores humanos. Vislumbramos su existencia a través de sus puntas de flechas y los aleros en que se refugiaban, cerca del agua.

* El Ciclo del Agua

En el territorio chileno las culturas indígenas son fluviales: junto a los ríos parían las madres, en el río se bañaban en la noche más larga del año para esperar purificados el amanecer, con vista al río se enterraban los cuerpos de los difuntos. Desde el nacimiento hasta la muerte, todo formaba parte del Ciclo del Agua que unía al ser humano con los seres invisibles de lo alto, lo de arriba con lo de abajo.

En el comienzo del Ciclo del Agua estaba “el Río que está en el Cielo”, como se llamaba en lengua mapuche —el mapudungún— a la Vía Láctea. Por venir desde lo alto, bajaba cargado de un elemento igualmente líquido, transparente, que traía los buenos deseos para este mundo de abajo: la nieve. A través de los esteros y las quebradas, el agua de arriba permitía que la vida siguiera su curso. Por el cauce de los ríos bajaban las almas de los difuntos que, una vez llegadas al mar, eran transportadas por las ballenas hasta el horizonte. Ahí ascendían a la Vía Láctea para ser parte, nuevamente, del Río que está en el Cielo.

Si bien los habitantes del Maipo pertenecían a la cultura Aconcagua, su lengua y muchas de sus creencias provenían de una matriz mapuche. Incluso el propio nombre del río. Varias versiones coinciden en destacar la palabra maipún como base de “Maipo”, con un significado de “labrar la tierra” o de “tierra de cultivo”. Otros, como Rodolfo Lenz, Fray Pedro Armengol Valenzuela y don Manuel A. Román, dan la versión algo distinta de “romper la tierra”, lo que podría corresponder al acto de arar, así como también a la acción de las aguas que, desde las montañas, penetran o rompen la tierra para abrirse curso, surcando el valle en su avance. Esa fuerza no la tiene ningún río de los que corren más al norte del Maipo.

Para referirse al río, los indígenas usaban indistintamente Maipo y Maipu, sin acento final. La diferencia llegó con los años, después de la Batalla de Maipú (1818).

* Los hombres de la montaña

Desde el siglo XVI se oyen historias de recuas y caravanas de animales que subían a la cordillera antes de la llegada del hombre europeo, con la ganadería camélida que aportaron los incas en el período de su dominación. Esta tradición siguió en la Colonia, pues la actividad minera requería muchos animales, especialmente mulas, tanto para el cateo en busca de minas como para su explotación.

Incluso hay asentamientos, como El Melocotón, que surgieron de centros de acopio y provisión de pastos destinados a alimentar al ganado que bajaba de la cordillera. San Gabriel, también, nació y creció asociado a la ganadería de las minas.

En el siglo XX los vacunos eran ya los protagonistas, y el Cajón del Maipo se había convertido en el núcleo ganadero de la provincia de Santiago. Los animales eran llevados a los pastos de las veranadas4 en los meses más ardientes, desde donde bajaban luego los arrieros con su piel curtida por el aire seco de la montaña. Los “hombres de las tierras altas”, capaces de enfrentar la nieve y los pumas, conocedores de los nidos de cóndores, hábiles en la cría de burros y mulas, “baqueanos” de la montaña, se transformaron en tema e inspiración de cuentos y leyendas, canciones y payas. Muchos de ellos descendían de indígenas locales, por lo que poseían un conocimiento ancestral de vados5, pasos, aleros (refugios naturales) y veranadas. Estaban habituados desde niños a recorrer, con un suave trote, los senderos de la cordillera temible e inexpugnable, sin parpadear ante los acantilados. Así aprendieron a conocer el carácter de la montaña.

En las alturas se encontraban con los gauchos venidos desde Argentina, vestidos con sus atuendos típicos que incluían adornos de plata. De aspecto polvoriento en el verano, más expectación causaban estos hombres en invierno, porque eran pocos los osados que cruzaban en esa estación de ventiscas y nevazones. Era frecuente la pérdida de animales que se despeñaban en el cruce, especialmente en la banda chilena, mucho más abrupta y pedregosa. Los gauchos pastoreaban en El Romeral arriba, bajaban hasta El Manzano —donde se instaló la Aduana— y, finalmente, antes de entrar a Santiago, pernoctaban en “La Puebla”, caserío de pequeñas casas de barro donde eran tantos los arácnidos que, con el tiempo, cambió de nombre y se llamó “El Pueblo de las Arañas”. Ahora se llama Puente Alto. Tres días tomaba el cruce. Hasta 1897 fue enorme el movimiento.

Con el tiempo, el tránsito de animales declinó, pero para los arrieros el guiar era, y es todavía, una fuente de ingresos. Hoy conducen a los andinistas que sueñan con hacer cumbres al fondo del Cajón, o a los turistas que ansían recorrer a caballo los estrechos senderos de montaña, listos para escuchar sus historias al calor de una fogata.

* Escritores en el Maipo Alto

Varios fueron los poetas y novelistas inspirados por el ambiente de este cajón precordillerano. Gabriela Mistral, amiga de las piedras y los cerros, las yerbas y la cordillera, se arrancaba de Santiago para reencontrar en esta zona, como decía ella, su ritmo interior.

Manuel Rojas dejó una joya: su crónica “Excursión al Purgatorio”, sobre una subida a este cerro6, en el que describe el paisaje desde Puente Alto hasta Higueras Negras, célebre lugar de fresas que los excursionistas se detenían a comprar. Buen conocedor de las montañas y amante de las escaladas —cruzó la cordillera caminando, más de una vez, también por aquí—, su pluma vital ha dejado para la posteridad el ambiente del Cajón del Maipo de mediados del siglo XX.

Entre todos los escritores, el más comprometido fue Eduardo Barrios, Premio Nacional de Literatura 1946, quien había sido buscador de oro, hombre fuerte en un circo y vendedor de estufas en las calles de Buenos Aires. Llegó al Cajón del Maipo a reponerse de una peritonitis con su esposa Carmen Rivadeneira, que estaba embarazada, y ambos se enamoraron del lugar. En 1920 se instalaron a vivir en una casa en San José, la que fue sitio de encuentro de numerosos artistas e intelectuales por más de cuarenta años, hasta el fallecimiento de Barrios en 1963.

El nombre de este escritor está ligado al Centro de Esquí y Deportes de Montaña de Lagunillas, que surgió en un loteo del fundo del mismo nombre, comprado por él en 1935. Siendo ministro de Educación, impulsó otra importante actividad local: la escuela mixta que hoy lleva el nombre de “Julieta Becerra Álvarez”, ubicada en el Camino al Volcán cerca de San José de Maipo.

El Dedal de Oro

La revista local Dedal de Oro es dirigida por Juan Pablo Yáñez Barrios, nieto de los escritores Eduardo Barrios y Juan Emar (seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi). Este conocido hombre del Cajón del Maipo fundó, además, una Biblioteca Pública en la misma casa familiar en la que se han gestado dos publicaciones de Leyendas y narraciones del Cajón del Maipo, recopiladas por él y por Julio Arancibia. Su objetivo es salvar del olvido “una tradición oral sustentada en la rica imaginación de chilenos antiguos: montañeses, mineros, arrieros, agricultores que, estando tan cerca de la capital de Chile, vivieron cautivos del grandioso paisaje andino y legaron su memoria en el contar, durante las noches intensas barridas por el viento o azotadas por los temporales de nieve o el azotar de granizos del tamaño de huevos de pájaros”.

* Pueblos y arquitectura

Casas de adobe, hermosos edificios con aire bávaro, casonas de estilo colonial, estaciones de tren y túneles enclavados en la montaña son parte del sello arquitectónico del Cajón del Maipo.

San José de Maipo

Por su interés patrimonial, el centro histórico de San José de Maipo, la ciudad principal del Cajón, fue declarado zona típica en 2009. Destaca el edificio consistorial, una construcción sólida y solemne de estilo bávaro-italiano, que conservó como característica vernácula7 su albañilería a la vista. Hasta 1930 su uso fue mixto: era sede municipal y, en el segundo piso, funcionaba el Hotel Francia. En sus dependencias se celebraron, por muchos años, los bailes más elegantes de la ciudad.

Sobresale también la parroquia, con torre y atrio proyectados por el italiano Eduardo Provasoli, también autor de la iglesia de la Divina Providencia en Santiago. Es monumento nacional desde 1992 y se ubica frente a la plaza. La casa parroquial adjunta muestra la prestancia austera del adobe y la belleza de maderas nobles en pilares y vigas, con una estética muy tradicional del siglo XIX. También es monumento nacional.

La calle Comercio, la más importante de la ciudad, constituye un valioso patrimonio, pues es de las pocas que en Chile conservan su fachada continua en edificaciones de baja altura, con un ambiente de otra época que rinde homenaje a su pasado de pueblo minero.

La Escuela Mixta Superior E-628, levantada en 1956, es obra de José Aracena (1890-1971), uno de los arquitectos más destacados del país en lo que se refiere a obras educacionales. El edificio tiene un estilo bávaro-alemán, con impronta de montaña, que dialoga bien con el edificio Consistorial. Ésta es una de las primeras escuelas suburbanas o rurales proyectadas por Aracena fuera de las grandes ciudades, donde buscó adaptarse a la localidad.

Rafael Eyzaguirre, párroco y benefactor

Nieto de Agustín Eyzaguirre (presidente interino de la República, alcalde de Santiago, gran empresario y exportador de cobre), Rafael Eyzaguirre lideró la iglesia de San José de Maipo entre 1876 y 1882, e impulsó varias obras sociales que lo convirtieron en benefactor del pueblo. Con recursos propios construyó la primera escuela de la zona, la Parroquial Luis Gonzaga, y compró un sitio para levantar un hospital en la Cañada Sur. También obtuvo la donación del terreno para el Cementerio.

Aduana El Manzano

a Aduana fue instalada en 1900 en una construcción previa (de 1835, aproximadamente) del Fundo El Manzano, con el propósito de controlar desde ahí el paso cordillerano del ganado que subía o bajaba en función de las veranadas. Se la llamaba “Portillo del Maipo”, y estaba en el paso del ganado que transitaba, especialmente, por los pasos de Piuquenes y Cruz de Piedra. Junto con la capilla y la estación El Manzano del ferrocarril, esta casona de adobe conforma un conjunto de gran interés patrimonial e histórico, por lo que fue declarada monumento histórico el año 2004. Como era tradicional, fue dotada de amplias galerías de estructura de madera y ventanal corrido, para aprovechar las horas de asoleamiento. Muy dañada por el terremoto de Las Melosas en 1958. Existe el proyecto de transformarla en Museo del Servicio General de Aduanas, para preservar su historia y hacer un aporte al turismo del Cajón del Maipo.

Balneario de Las Vertientes

En los comienzos del siglo XX, Las Vertientes comenzó a tomar forma como nuevo destino de recreación y descanso. Uno de los lugares más representativos de esta tendencia es el Balneario Cordillera de Las Vertientes, creado a partir del loteo, en 1941, de un sector del fundo Higueras Negras, que contaba con agua pura de montaña, símbolo de lo saludable de la zona. Se caracteriza por una serie de chalets de piedra y madera, de aspecto montañés, en terrenos donde se plantaron almendros, limones, damascos y otros frutales.

Patrimonios rurales

Casa Patronal y Casa del Cuidador, Las Vizcachas

A la entrada del Cajón del Maipo se encuentra esta casa proyectada por Josué Smith Solar —el arquitecto del Club Hípico— para Juan Enrique Tocornal Doursther, dueño en 1911 del fundo Las Vizcachas y benefactor de la zona. Su mansión, de excelente diseño y construcción, daba inicio al Maipo Alto. Si la casa principal tiene el estilo Tudor, en la vivienda secundaria Smith Solar se permitió una libertad novedosa para la época.

Casa Patronal Hacienda Río Colorado

Hay familias tradicionales, dueñas de tierras por generaciones, como los Covarrubias, los Oyanedel y los Palazuelos. A estos últimos pertenecía la Hacienda Río Colorado, donde algunos afirman que por muchos años vivió solitario su último descendiente. Fue después expropiada por la Reforma Agraria y posteriormente traspasada al Ejército de Chile.

Casa y capilla ex Fundo El Manzano

Esta gran hacienda de 5 400 hectáreas, que heredaran los hermanos Fernández Lecaros, fue expropiada durante la Reforma Agraria. Hacia 1980 los doce beneficiarios del asentamiento encargaron al arquitecto Ramón Delpiano la restauración de la capilla vecina, una de las construcciones más antiguas y valiosas de la zona. Ésta y la casa del siglo XIX (típica construcción con techos a dos aguas de gran pendiente, muros de adobe y patio interior con pilastras de madera y basas de piedra) fueron declaradas monumentos históricos el año 1996.

Bodega Fundo El Volcán

Alberto Mackenna Subercaseaux, sobrino del intendente Benjamín Vicuña Mackenna y gestor de la mina de cobre Las Merceditas, se preocupó —además de promover la construcción del ferrocarril en el Cajón del Maipo— de generar energía, criar ganado y sembrar cultivos para el alimento de los mineros, así como de construir viviendas en El Volcán, tal como en otras minas de montaña del país. Como testigo de esa época permanece la bodega de pasto del fundo.

La montaña generosa

Tierras fértiles pero a menudo inclinadas, laderas de montaña y estrechas riberas de ríos: ése fue el escenario en que los incas iniciaron la agricultura del Cajón del Maipo, traspasando su conocimiento a los moradores más antiguos.

Los incas, acostumbrados a habitar y laborar en la ladera de las montañas y en las angostas riberas de los ríos andinos, llegaron al Cajón del Maipo casi un siglo antes que los españoles. Se asentaron donde está hoy San José de Maipo y transmitieron a los moradores de la zona sus técnicas, costumbres y cultivos. Fueron los primeros agricultores —luego de una fase previa de horticultura— que supieron trabajar en estos difíciles campos: cerca del 80 por ciento del territorio presenta pendientes superiores al 5% de inclinación.

El eje en el que se entrelazan todos los sistemas vinculados al Cajón corresponde, principalmente, a la franja abarcada por los ríos Maipo y Volcán y sus terrazas fluviales, de un ancho de entre 50 y 1 200 metros, aproximadamente, y un largo de 84,3 kilómetros. Es el corazón agrario del Cajón.

En el siglo XIX se logró ampliar la zona de cultivos agrícolas, lo que fue tomado en cuenta cuando se estudió la viabilidad y rentabilidad del ferrocarril, al final de a centuria. En su informe, los ingenieros responsables indicaron que había, entre Puente Alto y El Volcán, una cantidad importante de producción agrícola que, sin lugar a dudas, sería cargada en los vagones para ser bajada a la capital.

Los Covarrubias, los Fernández, los Oyanedel, los Palazuelos y los Tocornal, familias tradicionales del Cajón del Maipo, debieron adaptarse a los suelos angostos e inclinados para sembrar chacras, aprender a cavar canales de regadío, construir casas y bodegas que amenizaron el paisaje, elevar tapias y pircas, así como soportar en ocasiones la pérdida de los cultivos por alguna temporada dura, e incluso acostumbrarse al aislamiento cuando los derrumbes cortaban el paso a la ciudad de Santiago.

La tierra local, sin embargo, era fecunda, y uno de los enclaves que mejor lo representan es Las Vertientes, que surge precisamente de un fundo de la zona y que hasta hoy se caracteriza por su oferta al paso de productos típicos del Cajón del Maipo, como almendras, nueces y miel.

Las nuevas tecnologías han ampliado la oferta, en tiempos recientes, al producto de plantaciones frutales y viñas en altitudes cada vez mayores, al interior del Cajón. Quienes utilizan los procesos más tradicionales se han integrado a un programa del Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) para vincular su producción al turismo rural, asociados con los ganaderos ovinos y avícolas y con los artesanos.

Aparecen los terroirs

La búsqueda de vinos cada vez más frescos y livianos se ha traducido en un esfuerzo por plantar viñas en faldeos cercanos a la precordillera, incluso junto al piedemonte. Una de las pioneras ha sido Las Cavas del Maipo, que también es un destino turístico. Parronales, almendrales y degustación de vinos los fines de semana permiten descubrir este mundo a veces oculto, a pesar de que la población rural sigue siendo importante en la zona, a lo largo del camino y el río: un 33,45%. De esa manera se aporta, cuando la agricultura no es tan relevante, al crecimiento de lo que hoy es el sustento principal del Cajón: el turismo. Otra cava pionera es Los Altos del Canelo, productora de vinos y licores.

*El fraile y los mineros

En los tiempos antiguos no faltaba el afortunado que tenía un hallazgo de plata que le servía para alimentar sus sueños durante muchos años. Una figura constante en el mundo minero fue la de fray Pedro de Bardeci, un franciscano vasco que recorría las calles de Santiago solicitando ayuda para los pobres y enfermos. Alguna vez subió al fondo del valle del Maipo y, admirado de la generosidad de los mineros, tomó por costumbre visitarlos cada cierto tiempo. Era creencia en el Cajón que ayudar al fraile traía suerte, lo que, por supuesto, alentó a los donantes y así se vieron favorecidos los pobres de la ciudad. Nacido en 1641, fray Pedro murió a los 59 años y se ha levantado una causa para beatificarlo. El templo de San Francisco de la Alameda tiene docenas de placas de devotos agradecidos por favores concedidos.

* Riquezas mineras

Las herramientas y los utensilios de los hombres arcaicos, la metalurgia incásica, la fiebre de la plata en la Colonia y el auge del cobre republicano, hasta años recientes, han mantenido siempre viva la actividad minera en estos contrafuertes de la Cordillera de los Andes.

Los españoles tuvieron noticia de las faenas mineras precolombinas, por lo que muy pronto el conquistador Diego Hurtado de Mendoza ordenó explorar y, luego, explotar la plata del Maipo, con desiguales resultados. En 1803 el político, jurista y escritor Juan Egaña informó de la existencia de numerosas minas en el sector, aún inexploradas por exceso de agua o imposibilidad de acceso. La abrupta geografía había dificultado el desarrollo minero.

A fines del período colonial, en 1790, se hizo un hallazgo de suma importancia en el cerro San Pedro Nolasco: la primera gran mina de plata que se explotaría en Chile. Como la expectación fue enorme, llegaron personas de todo el país, e incluso extranjeros, proceso en el que surgieron otros yacimientos en los cerros San Lorenzo y San Gabriel. No fue fácil la instalación, ya que San Pedro era un cerro de paredes abruptas, muy al interior y cubierto de nieve dos tercios del año. Pero la fiebre de la plata cundió.

El cerro San Pedro Nolasco se hizo célebre. Lo fueron ahuecando al abrirle galerías, tanto que en su interior vivían familias en precarias chozas, con sus gallinas y perros. En invierno los mineros se envolvían las piernas en gruesos cueros que conservaban el pelo entero del animal, lo que les daba un aspecto atemorizador, y sólo se veía un penacho de humo saliendo por la cumbre. En esas duras condiciones, sin embargo, las faenas de producción eran eficientes, lo que fue celebrado por los visitantes ingleses y escoceses interesados en invertir en Chile.

El auge de la minería tuvo su contraparte en el propio Cajón del Maipo. Por un lado, para los ganaderos aumentó la demanda de carnes y derivados, así como la de alimentos para los agricultores y chacareros, pero al mismo tiempo faltaba mano de obra en época de matanzas y vendimias, porque muchos trabajadores cambiaron de actividad, soñando hacerse ricos extrayendo la plata.

En el siglo XIX el tema fue el cobre. Merceditas y sus tres vetas —La Poderosa, Volcán y Merceditas— constituyeron el mineral más importante de la zona, que en su apogeo llegó a producir nada menos que el 40% del cobre chileno. Más de mil personas llegaron a trabajar al sector del yacimiento, lo que dio vida a la localidad de El Volcán. Los damnificados de esta bonanza fueron los quillayes, olivillos y guayacanes, antes numerosos en el paisaje, los cuales fueron usados como leña para alimentar los hornos de las fundiciones.

Como las minas estaban en altura, se bajaba el material a lomo de tropas de mulas —décadas después se haría en andarivel— hasta la base, donde estaban las principales infraestructuras, entre ellas el molino de triturar y moler. En un llano, vecino al río, disponían de agua y leña cercanas. Hubo muchas otras minas que, ya fuese por la distancia del agua, las técnicas precarias o la desaparición de la madera adecuada una vez talados los árboles del sector, debieron cerrar.

Hasta siete fundiciones, ardiendo sin cesar, hubo entre San Gabriel, San Alfonso, El Toyo y San José de Maipo.

Las Merceditas y la Compañía Industrial Volcanita fueron muy exitosas, una con el cobre y la otra con el yeso —otra de las riquezas del lugar—, por lo que dejaron muchos aportes a la zona, como viviendas para el personal, posta y escuela.

En 1884 se fundó la Compañía Minera del Maipo, liderada por Gregorio Donoso, quien llevó el mineral de El Volcán a la posición de modelo para todo el país, con las primeras turbinas hidroeléctricas de la zona, líneas férreas hasta los socavones y nuevas tecnologías. Chile, que había perdido el primer lugar mundial en la producción de cobre, podría recuperarlo por esta senda.

Luego de fusiones de empresas y altibajos, el terremoto de 1958 causó enormes daños a las instalaciones que, a la fecha, son base del turismo minero. Todavía se encuentran signos, como un cine y una cancha de fútbol abandonados, de lo que fue este actual pueblo fantasma en sus tiempos de esplendor.

* Aire saludable

A mediados del siglo XIX, los balnearios marítimos fueron sucedidos por los de montaña en las preferencias mundiales, ya que, de acuerdo a las nuevas teorías, estos últimos eran más beneficiosos para los pulmones. Así fue como en Europa surgieron los balnearios y hoteles de altura, frecuentados por la nobleza y por cuantos podían pagar una estadía que tonificara sus pulmones, en una época en que la iluminación a gas y los sistemas de calefacción —sobre todo a carbón— eran muy contaminantes.

Chile, muy atento a las tendencias europeas y con una extensa cordillera, construiría grandes instalaciones que iban a atraer, incluso, a extranjeros que optaron por pasar largas temporadas respirando el aire frío y seco de la montaña, mientras eran tratados con eucaliptos y guayacol.

En el Cajón del Maipo se construyó el Sanatorio Elba Guarategua, ubicado en la ladera al norte de San José de Maipo, que con sus prominentes escalinatas, gran zócalo, arcadas en el primer piso y galería vidriada en los altos dominaba el paisaje andino desde las alturas. En su vecindad está el Hospital Rolando Castañón.

En la calle Comercio de San José de Maipo está la Casa de Salud de Mujeres Carolina Doursther, edificio neoclásico de 1926. En tanto, en el sector El Toyo, al ingresar a San José, se ubica el gran establecimiento de la Cruz Roja, casi centenario, volumen importante que reposa sobre un zócalo de piedra.

El Hotel Francia, construido en 1890, fue obra de una familia de origen francés que advirtió las óptimas condiciones del Cajón del Maipo para desarrollar un turismo de montaña similar al que habían conocido en los Alpes, orientado a las terapias de salud. Por la calidad de su infraestructura, con un perímetro de corredores de paseo que acogía la actividad diurna de los residentes, la Caja del Seguro Obligatorio compró el hotel en 1911 para facilitar a sus asociados la posibilidad de pasar unos días en un ambiente sano y tonificador, incluyendo también la atención especializada para enfermos pulmonares.

En los años 40, el edificio se amplió y recibió el nombre de Sanatorio Laennec, como homenaje a un médico francés que modernizó el tratamiento de las enfermedades del pulmón. Es monumento nacional desde el año 2002.

También está el edificio Casa de Salud, cuyo terreno fue donado por Juan Enrique Tocornal Doursther, dueño de la Hacienda Las Vizcachas, a la Junta de Beneficencia de Santiago. La idea había sido planteada por Rita Walker de Mackenna, esposa de Alberto Mackenna Subercaseaux, uno de los benefactores del Cajón del Maipo, quien accedió a promover la última voluntad de su esposa: él mismo administró la obra, y todo el mobiliario y equipos se adquirió con su crédito. El recinto, a escasa distancia de la Plaza de Armas de San José de Maipo, se emplaza entre bosques de eucaliptos y pinos, con una amplia terraza que domina el paisaje de la cordillera, la ciudad y el río.

La fuente del agua

El agua, esencial para la vida humana, ha sido uno de los más importantes recursos aportados por el Cajón del Maipo a la gran cuenca de Santiago.

Las generosas aguas del Cajón del Maipo son esenciales para satisfacer las necesidades del valle del Mapocho donde se encuentra Santiago: las del río ayudan a regar los grandes parques y cementerios, y las de las lagunas se utilizan como agua dulce para la población.

La zona contribuye con cerca del 80 por ciento del agua potable consumida en la capital del país. Actualmente se estudian otros recursos, como el de las napas subterráneas, porque la demanda sigue en aumento.

* Laguna Negra y Lo Encañado

En sus primeros años de existencia, la capital obtuvo agua potable de quebradas precordilleranas cercanas, pero el aumento creciente de la población volvió insuficiente este recurso en el siglo XIX. Comenzó entonces la exploración sistemática del Cajón del Maipo. El intendente Benjamín Vicuña Mackenna, interesado en aumentar el recurso para mejorar las condiciones sanitarias de Santiago, se internó, guiado por arrieros, hasta la Laguna Negra, para evaluar la posibilidad de construir un acueducto que trasladara su agua a la capital, al menos en tiempos de sequía.

Alimentada por los glaciares Agujas Negras, Echaurren y Echaurren Norte, la Laguna Negra es un lago natural que mide unas 500 hectáreas de superficie y contiene 600 millones de metros cúbicos de agua. Cuando rebalsa, el agua se desliza por la Cascada de Covarrubias sobre la laguna de Lo Encañado. El camino de acceso a Laguna Negra comienza en San Gabriel, pasa a los pies de los grandiosos Rodados de San Gabriel —donde van familias a recrearse, deslizándose, cuando hay nevazones— y continúa junto al estero del Manzanito.

Vicuña Mackenna en Laguna Negra

De regreso de Laguna Negra el 16 de marzo de 1873, Vicuña Mackenna y su comitiva pasaron la noche en San José de Maipo. Al día siguiente, luego de una misa, el grupo salió a la plaza, donde esperaban con sus uniformes de parada los miembros de la Guardia Cívica del lugar para una ceremonia. Luego desfiló casi todo el pueblo tras el intendente, quien se dirigió a inaugurar la escuela parroquial (actual Escuela Particular N° 1 Rafael Eyzaguirre). Al finalizar su recorrido, el intendente emitió un histórico informe, llamado “Esploración de las lagunas Negra i del Encañado : en las cordilleras de San José i del Valle del Yeso : ejecutada en marzo de 1873 por una comisión presidida por el intendente de la provincia de Santiago don Benjamín Vicuña Mackenna : apuntes, memorias i datos”, el cual incluye el texto del ingeniero francés Ernesto Ansart “Apuntes para un proyecto de represas en las cordilleras de San José”, pues a él se le confiaron los estudios técnicos para sanear la capital y asegurar su provisión de agua dulce.

* Acueducto a Santiago

Hacia 1910, cuando se celebraba el Centenario de la República de Chile, se construyó una obra pública de gran importancia para Santiago: el acueducto que unió la Laguna Negra con la capital. Formidable hazaña de la ingeniería por lo abrupto del escenario topográfico, y de excelente y sólida construcción, fue determinante para el abastecimiento de agua de buena calidad a la capital. Al ducto principal, que viene desde Laguna Negra, se le inyectan además los caudales más pequeños de los esteros El Manzano y El Canelo.

* Embalse El Yeso

Otro aporte fundamental para proveer de agua dulce a la capital y de agua de riego al valle del Maipo, cuya rica agricultura depende de la seguridad de este suministro, proviene del embalse El Yeso, una laguna artificial largamente planificada, cuya construcción se inició en el segundo gobierno de Carlos Ibáñez (1953) y culminó definitivamente, debido a su gran magnitud, catorce años después, durante el mandato de Eduardo Frei Montalva.

Charles Darwin figura como el primero en señalar la conveniencia de esta obra. Vicuña Mackenna sería el segundo, pero más resolutivo: una vez que hubo explorado el valle del Yeso, encargó un estudio formal de ingeniería al francés Ernesto Ansart. Luego, el chileno Fernando Llona realizaría un primer proyecto general.

Las dificultades del terreno demoraron las obras hasta mediar el siglo XX, pero nunca se desechó. El valle amplio, de pendiente pequeña, cerrado por una garganta estrecha, era ideal para tener una reserva manejable en tiempos críticos.

Situado a más de 2 000 msnm, con una profundidad de 55 m y una capacidad de 250 000 000 m3, el embalse conforma un lago de unas 815 hectáreas, con un largo medio de 7,5 km y un ancho medio de 1,2 km. Su nombre deriva de la existencia de yacimientos de yeso en el sector, el que aún es explotado por varias empresas mineras. Su ruta de acceso, que recorre el embalse a una cota más alta por la ribera sureste, permite una espléndida vista superior del lago, y es parte del paso fronterizo Los Piuquenes.

El lago artificial sorprende al visitante por su color verde esmeralda con tonalidades turquesa, en medio de cerros que lo acogen a una altura donde la montaña es más dura y menos poblada de vegetación.

El escenario, totalmente andino, con su fuerza y su visión de amplias cumbres, nevado hasta un metro y medio en muchos inviernos, regala a veces el espectáculo del cóndor planeando, solemne, en las alturas. El viento es lo único que se oye, y el ocasional llamado de un ave. El resto es silencio.

Además de su uso doméstico, las aguas del embalse con frecuencia han salvado a la agricultura en primaveras y otoños en que las aguas del Maipo no han sido suficientes.

* Los canalistas del Maipo y el regadío

La Sociedad de Canalistas del Maipo es casi tan antigua como el país. En 1772, a raíz de una fuerte sequía, surgió la idea de construir un canal que permitiera al río Maipo compartir sus aguas con el Mapocho. El contratista de este canal decidió bautizarlo San Carlos, en honor al rey de España, Carlos III. Pero la ejecución debió detenerse, hasta que, décadas después, Bernardo O’Higgins decidió reanudarlo por dos vías: capital de gobierno y venta de regadores del Canal. Pese a que se logró vender la mitad de los regadores, un temporal dañó seriamente lo que estaba en pie.

Esta situación provocó que el gobierno aceptara la idea del destacado hombre público Domingo Eyzaguirre de ceder todos sus derechos a los propietarios de los regadores para que éstos se ocuparan de la reparación. El 5 de julio de 1827 los propietarios se asociaron y crearon la Sociedad de Canalistas del Maipo, que presidiría Domingo Eyzaguirre durante 27 años. En su labor terminó la construcción del canal San Carlos, y además la de varios canales de menor tamaño. Pronto, todo Santiago y sus alrededores contó con agua, dejando atrás el problema de las sequías.

El canal San Carlos tiene 30 km de longitud. A finales del siglo XIX la Sociedad cubría nada menos que 90 000 hectáreas, una enorme área agrícola proveedora de frutas y hortalizas para la capital. En la actualidad, con la ampliación de las áreas urbanas, sólo cubre unas 20 000 hectáreas, pero su red sigue siendo el único cauce recolector de las aguas lluvias de la capital.

La energía de la montaña

No sólo para la producción agrícola ha sido fundamental el agua del Maipo, pues también el río y sus afluentes, aprovechando la pendiente de la montaña, han entregado a la ciudad la chispa imprescindible de la energía eléctrica.

Las aguas del Maipo no sólo han sido el sustento de la agricultura en la cuenca Maipo-Mapocho: sus afluentes y las pendientes también han permitido generar la energía eléctrica que abastece a gran parte de la Región Metropolitana y a sectores de Valparaíso.

El comienzo de la electrificación fue cerca de 1900, cuando los “carros de sangre” de Santiago —tirados por caballos— fueron reemplazados por tranvías eléctricos. Por entonces se comenzó a construir plantas generadoras a lo largo del país, siendo la que se instaló en el Maipo una de las primeras.

En los años 20 el Maipo se transformó en el polo energético de toda la Región Metropolitana. La modernidad, así, se puso en marcha.

En años recientes el Cajón del Maipo se transformó, también, en el lugar de tránsito del gas natural que proviene de Argentina, lo que generó un emblemático conflicto ambiental.

* 1909: la centenaria Florida

La Sociedad de Canalistas del Maipo, administradora del recurso, arrendó el uso de la fuerza motriz de las aguas del canal San Carlos, aprovechándose su desnivel para construir una central de pasada. Así, con más de un siglo de existencia, la Central Florida es la más antigua en funcionamiento en Chile, y fue pionera en proveer de energía eléctrica a la capital.

Su gestión fue obra de la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (DUEG), que llegó al país para construir la Central Chivilingo en el sur. Luego implementó la Central El Sauce para Valparaíso, en 1908. Su tercera obra fue La Florida.

Orgullo local, esta central permitió aprovechar dos veces el agua de riego, sistema sustentable que significó el aporte de 26 MW al Sistema Interconectado Central. Como el contrato venció en los años 80, la Sociedad de Canalistas asumió su gestión y modernizó la planta, que sigue operando a la fecha y que en 2009 celebró un siglo de vida, con la presencia de las principales autoridades del país.

* 1921: cambio de siglo en Maitenes

Un gran avance en hidroelectricidad se produjo en 1921, cuando se fundó la Compañía de Electricidad, origen de Chilectra, con capitales chilenos y de Estados Unidos, para aprovechar los caudales de los ríos Maipo y Colorado en la producción de energía. Ese mismo año la compañía instaló su primera planta, Maitenes, que permitió electrificar el ferrocarril de Santiago a Valparaíso, inaugurado en 1925.

Con tres generadores de pasada, la Central Hidroeléctrica de Maitenes comenzó a operar en 1923 en la ribera izquierda del río Colorado, del cual extrae su energía, al igual que del estero Aucayes. Con su planta auxiliar alcanza una potencia de 30,9 MW y una generación media anual de 128 GWh, para atender a parte de Santiago y al puerto de Valparaíso. Condición original suya es la laguna de acumulación, que le permite aumentar su potencia en las horas de mayor demanda. Un gran aluvión, en 1987, implicó renovar equipos que se inauguraron en 1989.

Las instalaciones imitan el estilo de las ciudades jardín anglosajonas de principios del siglo XX, con pintorescas viviendas aisladas, uso de piedra y madera, diseño orgánico y equipamiento de capilla y escuela, pues en su momento se instaló a vivir allí el personal de la empresa. El conjunto tiene un cuidado carácter andino, atmósfera propia que hasta hoy se conserva en medio de un parque noble y ya centenario.

Queltehues: por Santiago Sur

En los años 20 casi todo el mundo occidental vivió una vertiginosa expansión de los electrodomésticos, fenómeno que también se produjo en Santiago: miles de familias, desde la Alameda hasta Avenida Matta, accedieron a planchas, jugueras y otros artefactos.

Fue para atender esa demanda que, a unos 80 kilómetros de Santiago, más allá de San Gabriel y en un valle en el que se inicia el curso alto del Maipo, se construyó la Central Hidroeléctrica Los Queltehues, con un lenguaje arquitectónico muy moderno y de sello industrial en sus instalaciones. Iniciadas las obras en 1926, dos años después ya estaba operando.

La central, de pasada, obtiene el caudal de generación en los ríos Maipo y Volcán, logrando una potencia total de 41,1 MW.

* El Volcán en 1944

La Compañía Minera del Maipo, creada por una asociación de propietarios de minas del sector, tuvo el privilegio de instalar las primeras turbinas hidroeléctricas de la región, para facilitar las obras mineras de El Volcán. Para ello utilizó la energía motriz del río del mismo nombre. Por tratarse de una obra privada, no figura en la historia de las centrales, pero en 1884, con su capacidad de 300 HP, permitía la generación de luz eléctrica y el funcionamiento de las perforadoras eléctricas del mineral.

En 1944, luego de cuatro años de faenas, aguas arriba de Los Queltehues, específicamente en el río Volcán, se construiría una verdadera central hidroeléctrica, con una generación media de 98 GWh.

* El presente en Alfalfal

En 1991 inició su operación esta central de pasada que aprovechó los caudales de los ríos Colorado y Olivares, siendo éste el principal tributario del primero. Capta el caudal del Colorado aguas arriba, en su confluencia con el estero Parraguirre, y el del Olivares doce kilómetros más arriba de la confluencia entre ambos ríos, y lo devuelve al mismo Colorado. Alcanza una potencia de 178 MW y su línea de transmisión llega hasta la subestación Los Almendros, en San Carlos de Apoquindo.

* El paso del gas

En un territorio sin energías convencionales, o muy escasas, Chile ha dependido de la hidroelectricidad. Pero las crecientes demandas de energía han obligado al país a tratar de diversificar su parrilla. En 1994 surgió una alternativa nueva y de bajo costo: la importación de gas natural desde Argentina hacia la Región Metropolitana, a través del Cajón del Maipo. El megaproyecto involucraba un trayecto de 465 kilómetros, lo que suponía un perjuicio para un escenario natural cuya economía se estaba orientando hacia el turismo en forma creciente, y cuyos habitantes se habían instalado allí, precisamente, en busca de un entorno más natural que urbano.

La discusión sobre el trazado generó una polémica entre grupos con diferentes intereses. Esta discusión fue todo un hito y favoreció la creación de una cultura de mayor participación ciudadana. Apenas se conoció el proyecto de un gasoducto que avanzaría por la ribera del río Maipo, el Comité Ecológico del Cajón del Maipo hizo público su recelo.

* Conflicto con historia

La noticia de que el ducto pasaría por el centro de Pirque —lo que se tradujo en la creación de Corpirque— y por el fundo de la familia Astorga, recién declarado santuario de la naturaleza (1995), aceleró la movilización vecinal, y la propia Gobernación de la Provincia Cordillera anunció que objetaría eventuales impactos negativos del proyecto. Pero éste, llamado GasAndes, estaba protegido por una legislación que le permitía avanzar, sujeto a indemnizar por daños pero sin detenerse. El ingreso de sus funcionarios a medir terrenos aumentaba el descontento ciudadano.

En septiembre de 1995 la Comisión Regional del Medio Ambiente debía resolver. Se temía que el gobierno, en aras de una energía barata como el gas natural, y en búsqueda de un aire más sano para Santiago, presionaría para su aprobación. Los vecinos, en cambio, temían un futuro menos agro-residencial y más industrial para la zona, ajeno a su identidad histórica. La polémica creció hasta incluir a organizaciones ecologistas de todo el país y a parlamentarios, y el conflicto se volvió emblemático de las diferencias entre ambientalistas y empresarios.

GasAndes argüía que ya tenía acuerdos con un alto porcentaje de los propietarios, en tanto los abogados de los opositores preparaban acciones ante la Contraloría General, ante tribunales y ante la Corte de Apelaciones de San Miguel. Se ponderaron trazados alternativos tras los cerros, pero la empresa insistió en que los estudios indicaban que el menor impacto y la más alta seguridad se obtenían con el ya presentado, que corría a lo largo del Maipo.

El proyecto hidroeléctrico Alto Maipo

Descripción general

Alto Maipo es un audaz e ingenioso proyecto hidroeléctrico de pasada que consiste en la captación de parte del caudal de esteros tributarios del río Maipo en la alta cordillera, conduciéndolo mediante túneles cavados profundamente en la cordillera hacia cavernas de máquinas, también subterráneas, donde la presión hidráulica acciona las turbinas que generan la energía eléctrica, para luego restituir el agua, intacta, a su cauce.

El singular potencial de este proyecto reside en el gran desnivel del relieve cordillerano y en la provisión significativamente segura de agua desde las nevadas cumbres a las altas hoyas de Los Andes, una condición que en forma generosa y exclusiva presenta nuestra natural geografía. Un recurso energético limpio y sustentable que no se puede desaprovechar.

El proyecto es una serie hidráulica consistente en dos centrales sucesivas, las que en conjunto tienen la capacidad de generar 2 500 GWh/año, cifra que cubre el 14% de las necesidades de hogares, comercio e industria de la Región Metropolitana y satisface la necesidad de incremento de la matriz energética nacional al menos por un año.

Se inicia con cuatro bocatomas en el sector del alto río Volcán; un primer túnel conduce el caudal hacia el valle del Yeso, donde una segunda bocatoma capta el agua liberada por el embalse para conducir la suma de aguas, mediante un segundo túnel, a una caverna de máquinas ubicada al interior de la montaña, en el sector del estero Aucayes, cerca de la localidad de Los Maitenes. En ésta, la nueva Central Alfalfal II, con una caída de 1 166 m y un caudal de diseño de 27 m3/seg9, tendrá una potencia de 275 MW.

Al agua turbinada por esta primera central se adiciona la de la actual Central Alfalfal, conduciendo un caudal de diseño de 65 m3/seg10 a una segunda caverna ubicada al interior del sector del río Colorado. Allí, con una caída menor de sólo 454 m, pero gracias al incrementado caudal, la nueva Central Las Lajas podrá generar 256 MW adicionales.

Luego el agua es devuelta al río Maipo a través de un túnel que pasa muchos metros bajo el estero del Manzano en el sector de Las Lajas.

Los positivos atributos de este proyecto son:

  • No hay embalses
  • El agua no se contamina
  • Sus instalaciones son subterráneas en más de un 95%
  • Sus casas de máquinas son invisibles desde el exterior
  • Su emplazamiento está alejado de cualquier centro poblado
  • Hay total respeto a los derechos de agua de terceros
  • Cercanía al principal centro de consumo del país

Y, tratándose de energía hidroeléctrica, es limpia, no contamina y es un recurso renovable.

Además, para la transmisión de la energía al Sistema Interconectado Central (SIC), se emplearán las mismas fajas existentes sin la necesidad de nuevos trazados.

* Una épica historia

El proyecto hidroeléctrico Alto Maipo se remonta a la época de construcción de la actual Central Alfalfal (década del 80), período en el que los ingenieros a cargo de ella visualizaron el enorme potencial existente al interior de la cordillera, emplazamiento que causaría una mínima afección ambiental y social.

Con el auge de otras fuentes de energía en base a combustibles fósiles, el proyecto Alto Maipo durmió el sueño de los justos hasta que la crítica situación del gas y el incremento del precio del petróleo revivieron sus ventajas.

El proyecto se reestudió y rediseñó en 2006, aprovechando los adelantos tecnológicos del período de espera y la experiencia acumulada. Se reunió una parte del equipo humano anterior bajo la dirección del ingeniero Carlos Mathiesen, con el apoyo de ingeniería de Armando Lolas, Patricia Alvarado, Felipe Naranjo, Luis Ibáñez y otros, todos miembros del primitivo proyecto Alfalfal.

En abril de 2007 se inició un proceso de consulta local, partiendo por las comunidades más cercanas a las instalaciones del proyecto. Este proceso de participación ciudadana temprana estuvo a cargo de los ingenieros Carlos Enberg y Niccolo Martelli, quienes, aparte de desmitificar versiones muy equivocadas del proyecto, lograron detectar el sentir justificado de una comunidad de El Manzano, vecina al emplazamiento inicial de la segunda central proyectada, Las Lajas.

La dirección de Alto Maipo acogió las reclamaciones y decidió replantear el proyecto, de modo que esa comunidad quedara exenta de afección alguna, reubicando la central en el macizo cordillerano vecino al río Colorado y manteniendo la descarga de caudal en el sector Las Lajas.

Se desarrolló un intenso y amplio proceso de participación ciudadana en toda la comuna de San José de Maipo, de escucha y discusión detallada del proyecto y sus eventuales impactos, con más de un centenar de reuniones a las que asistieron casi un millar de personas. Figuración importante en él tuvieron las autoridades edilicias y las organizaciones sociales, empresariales, educacionales, deportivas, etc.

Activa participación tuvieron el alcalde y los concejales. Los entonces presidentes de la Junta de Vecinos, Héctor Escobar Alarcón; de la Liga de Fútbol SJM, Arístides Acevedo; de la Cámara de Turismo, Pedro Guillón. Los directores del Instituto Río Colorado, Ramón Del Piano, y de EcoMaipo, Roberto Román. Los representantes de los canalistas de El Manzano y del Maurino. Agrupaciones de deportes de montaña, empresas de rafting, agrupaciones de areneros, arrieros de diferentes localidades y otros tantos actores sociales que sería largo mencionar

En las localidades y en la capital comunal se libraron arduos debates. Para sólo nombrar a algunos de los participantes: Sergio Guerra, Bernardo Cariñes, María Arriagada, Ana María Canales, Aída Díaz, Veri de la Fuente, María Teresa Martinich, Félix Hurtado, José Solís de Ovando, Johana Cavada, Iván Bustamante, Iván Gatica, Carolina Besa, Lorella Lopresti (directora del Colegio Particular Andino Antuquelén), de El Manzano; Jacques Stern, Oriana Geisse, Tom Heekel, Carlos Sánchez, de El Colorado; Miguel Carrasco, Gerardo e Ismael Ortega, de Los Maitenes; María Eugenia Flores, Victoria Ortega, Claudio López, Haydée López, de Alfalfal; Sara Larraín (directora Programa Chile Sustentable), de Lagunillas; Cristina Ferrando, Roberto Román, Ramón Espósito, de Guayacán; Jorge Rojas (presidente Junta de Vecinos), Ángel Santander (presidente Club Deportivo), Juan Pablo Orrego (ecologista), Sara Astorga (vecina, socia de Cascada de Las Ánimas), Sebastián Astorga (vecino, administrador de empresa de rafting), Alexis Cárcamo, de San Alfonso; Octavio Núñez, Liliana Gutiérrez, de Baños Morales y Lo Valdés; Claudia Elgueta, Héctor Escobar Gárate, Héctor Escobar Alarcón, Francisco y Alejandro Astorga, Roberto Pérez, Eracio Armijo, Roberto Pulgar†, de San José de Maipo. Imposible mencionarlos a todos.

Paralelamente, liderados por CONAMA, los organismos técnicos medioambientales encargados de estudiar el proyecto, sus posibles afecciones y las reclamaciones ciudadanas, realizaron una larga y acuciosa revisión, exigiendo estudios complementarios y condiciones, a lo que el titular debió responder.

Finalmente, Alto Maipo obtuvo la aprobación ambiental el 31 de marzo de 2009.

Paralelamente, en el marco de su política de RSE11, AES Gener, bajo la coordinación de su directora de Comunicaciones, María Teresa Bravo, y fruto de un largo proceso de diálogo, acordó con la comunidad representada por su alcalde, señor Luis Pezoa Álvarez, y el presidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos, señor Héctor Escobar Alarcón, más un comité pluritario de organizaciones sociales, un marco de colaboración para el desarrollo de la comunidad orientado a la educación, al fomento al emprendimiento y al impulso del turismo en la comuna, uno de cuyos ejes es esta Guía.

Ese acuerdo fue ratificado por Arístides Acevedo, presidente de la Liga de Fútbol; Francisco Astorga, presidente del Comité Ciudadano por la Defensa y Desarrollo; Claudia Elgueta, presidenta de la Agrupación de Mujeres Cajoninas por el Progreso, Defensa y Desarrollo; Miguel Ángel Escobar, secretario de la Agrupación de Trabajadores; todas instituciones de San José de Maipo.

Adhirieron además a este convenio la Asociación de Mineros, la Comisión de Recuperación del Patrimonio Ferroviario e Histórico, la Junta de Vecinos de la Población Ignacio Carrera Pinto, el Club Andino Campo Alto, el Club Deportivo Unión Cordillera, el Club de Rodeo, la Asociación Gremial de Taxistas, el Club Unión Victoria, el Club Deportivo El Manzano, el Club Atlético Deportivo Halcón y el Club Deportivo Dr. Alfredo Rioseco.

El convenio es un acta pública que forma parte de la resolución de calificación ambiental; contiene un reglamento operativo que garantiza su transparencia y se pone en marcha con el inicio del proyecto hidroeléctrico Alto Maipo.

Cabe mencionar que hubo facciones de habitantes del Cajón del Maipo, en su mayoría agrupados bajo la Coordinadora Ríos del Maipo, que en ejercicio de su derecho mantuvieron su posición antagónica al proyecto.

Alto Maipo se ha convertido así en un proceso emblemático como tramitación ambiental debidamente consultada, discutida y consensuada, conduciendo a un mejoramiento no sólo de las posibilidades de desarrollo local, sino también del propio proyecto.

  • Paseo a los Baños de Colina, Claudio Gay

  • Ambrosio O´Higgins

  • Cruce de los Andes, Pedro Subercaseaux

  • El ferrocarril del Maipo

  • Charles Darwin

  • Ferrocarril Militar, puente Colorado

  • El terremoto “presidencial”, Las Melosas

  • Atentado contra el general Augusto Pinochet

  • El Ciclo del Agua

  • Ex Liga de Foot-Ball Cajón del Maipo

  • Los Terroirs

  • Mineros chilenos del siglo XIX, Claudio Gay

  • Sanatorio San José de Maipo

  • Laguna Negra

  • Central Florida

  • Central Maitenes

  • Central Queltehues

  • Central El Volcán

  • Central Alfalfal

  • El proyecto hidroeléctrico Alto Maipo

  • Profundidad del tunel